lunes, 23 de marzo de 2015

Interestelar

Bueno, qué onda?

Año de elecciones. La pelea mundial por cumplir el sueño Interestelar: sálvese quien pueda o vayamos buscando un mundo óptimo donde huir para crear la supervivencia. Siempre intentando ser héroes de nuestros hijos y salvadores de nuestros amantes. ¿El Astronauta esperanzador de encontrar la cura para la humanidad es el candidato que votamos por ser el menos peor; o es el que vota a fuerzas chicas de izquierda, que solo pueden poner sobre la mesa alguna mínima ilusión de que no son solo dos fuerzas las que mandan en el universo?
Comienza la película como que te va a derribar la teoría humanocentrista de que estamos solos en el mundo, pero después te la dan vuelta y te meten de repente que en realidad, lo "otro" que existe somos nosotros mismos.

El otro soy yo en otra dimensión; el resultado político que resuelva esta crisis social vamos a ser nosotros mismos. (El Otro no era la Patria?) La respuesta está dentro de uno. jo jo jo. Qué grande lo yanqui!
Y los efectos especiales, qué importantes son el ruido y los colores. La búsqueda de la verdad y el futuro sin efectos rimbombantes no tiene sentido.

Y mientras yo acá, en no sé qué dimensión desde las 5 de la matina, y sin fuerzas para abrir la tapa del propóleo.

lunes, 9 de marzo de 2015

No hay nada más antiguo que usar Blog

No hay nada más antiguo que seguir usando Blog.
No hay nada más banal que la selfie en el baño.
Y en la enumeración me sobraron los dedos.

Nada queda en tu casa natal, dice el tango.
No hay nada más melancólico que el tango.
No hay nada más tanguero que la soledad.
No hay nadie más que mueva la boca como la movés vos
para hablar, y decir esas cosas
que nadie más me dice.

No hay nada más por qué beber,
no hay nada más para tomar.
Nada por lo que resistir encontré,
nada más que sentir busqué.
Nada más hay después de resistir.
No hay nada más después de la vida,
no sé si importa.
No llegaron a definir dónde termina la vida,
así que simplemente no hay más.
No hay nada más que puedas darme.
No hay nada más que quiera darte.

Pero todos lo sabemos;
siempre hay más.
Así que podemos empezar
sin esperar
por esto que tenemos,
lo menos de lo menos.
Lo menos es quedarse esperando.
Lo menos es que el chofer del bondi
te pregunte "hasta dónde vas?"
Lo menos es tomar café con 1 azúcar y 1 edulcorante.
Lo menos son tus ojos
cerca de tu boca
que me miran como menos quiero.
Lo menos es lo que nos damos, peleando por más.
Lo menos es no querer ser el que está dispuesto a dar más.

Lo menos es pedirnos más.


domingo, 1 de marzo de 2015

¿Qué le vas a hacer?

Y qué se le va a hacer?_ dice mi portero cada vez que termina de tirar toda la mierda sobre el gordo del sesto piso.
Y así es nomás la vida.._ metía mi abuela azarosamente en las conversaciones. Ambos varían la frase, pero en general la escucho como "igual mi vida es una mierda, así que me chupa un huevo". No termino de entender en algunos casos si la pregunta ¿retórica? es "qué se le va a hacer?" o "qué va a ser?"; sí cambia totalmente. Porque si me preguntas qué le voy a hacer sobre algo que nos afecta, definitivamente algo voy a hacer; y no va a ser tirar una frase derrotista para justificar mi inacción.

sábado, 14 de febrero de 2015

De aros de perlas y mi peor enemiga

Tengo un amigo que todo el tiempo afirma: "Y así, son las minas. Histéricas, no saben lo que quieren. Y después las vemos que se quedan solas a los 30". (Sí, no sé por que le hablo).

Cuando viajo en tren soy tan burguesa. Y no porque viajo en la línea que tiene aire acondicionado y olor a limón; sino porque antes de salir de casa tengo que chequear 5 veces si salgo de Retiro o de Constitución. Y voy en bici, en el furgón. Y miro al resto de los pasajeros y ciclistas y veo dos tipos de ellos: los burgueses, que usan la bici para no contaminar y los seres humanos, que con la bici nos ahorramos el pasaje. En el tren hay dos tipos de minas; las que usan aros de perla, y las que no finjimos ser finas y santas. Mi amiga dice que hay dos tipos de chabones: los decentes y los santiagueños. Hay dos clases de putos, por suerte vivo con uno que pertenece al polo de los "no locas" (los que no parecen gays, los normales). La gente cuando lo dice como un cumplido está siendo tan fascista que, pobre no se da cuenta.

Es obvio que sí se da cuenta, igual que yo me doy cuando me pongo mi peor ropa para ir al Yate Club Olivos. Qué soretes, cómo nos gusta pararnos de la vereda de enfrente. Un cliché tan válido el de las dos veredas. Es sobre reducir todo a una categorización eterna-limitada de dos polos. Lo hacemos, pero nosotros mismos buscamos todo el tiempo no pertenecer a ninguno de los dos polos. Muy política querida. No, en realidad no. Reducir un panorama entero de posibilidades a los extremos de la cuerda es triste, ridículo. Pero sobre todo es funcional, funcional al planteo que hagamos en un principio. De ahí que mi amigo generalice, como hace mucha gente, en los "tipos de mujeres" (o tipos de ciclistas, gays, hombres). Jamás conocerá a una mina que salga de esa posibilidad, porque él no lo quiere de antemano, se va a vivir quejando y afirmando esa verdad universal. No quiere dejar de ser el único que está fuera de esos dos polos. Supongo que nadie quiere.

Capaz la solución está en pensar en qué extremo de los polos está uno. Yo, por ejemplo, soy una ciclista burguesa que viaja en bici por rata. Ahí tenés; no pertenezco a ninguno de los dos polos. Hace poco tengo unos aros de perla, regalados claro, que la verdad no me parecen tan odiosos. De a poco dejo el vicio absurdo. Los ciclistas chetos, las santurronas con perlas, los gays bien locas y todos los que creen que eligen un extremo de la cuerda ya mucho no son enemigos. De repente es uno mismo su peor enemigo, con esto de la categorización, por negar(se) muchas posibilidades.


O capaz no, de repente todos los que afirman cómo somos las mujeres son unos imbéciles.



sábado, 31 de enero de 2015

Matemos la sutilidad

LPBLM.

No puedo entender a los hippies. No estoy de acuerdo con ese pacifismo hipócrita; que
envuelve individualismo y muchas veces incapacidad de confrontar. Pará; que no estoy
haciendo una crítica al movimiento hippie de los años 60, que se oponía a la guerra y
apoyaba la lucha por los derechos gays. Naaah, hablo de los pequebus mentales de la
modernidá. Los que militan contra la contaminación auditiva, los trajes, tacones altos y las
arrugas en el ceño. Me da la sensación que cambiaron la bandera de "Love & Peace", por "Los
Problemas Bien Lejos Mío". En realidad sí los entiendo, no me queda otra; soy ser humano y a
veces deliro con la posibilidad de negar y alejar todo lo que no me gusta. (En realidad es
alejarME A MÍ de todo lo que no me gusta, por eso termina tarde o temprano siendo una
decisión individual.) Me fui al tigre y mis reflexiones pedorras de domingo por la tarde
vinieron conmigo; mi edipo no resuelto, mis enojos con la familia, mi corazón roto, la falta
de dinero, hasta la incertidumbre con el tema de la muerte del fiscal NISMAN vino al
Caraguatá conmigo.

 Pero la verdad que a los que viven deseándome buenas vibras, después de preguntar a qué
mierda se refieren, les deseo que tengan una buena charla sincera, o no sé, un bocinazo que
los irrite, una pelea con algún taxista, responder a la provocación de algún boludo. Soy una
goma, no sé por qué me desvelan esas actitudes; debe ser porque las veo completamente
falsas. Me gusta la gente relajada, pero me preocupa mucho que nos cueste enfrentarnos,
opinar distinto. Hasta... (Cuidado con lo que voy a decir, tiernos sensibles del universos,
almas de luz!) Hasta ser agredidos... Sí, lo dije. Creo que tenemos que darnos un poquito de
cuenta; vivimos en un mundo violento. Si no lo aceptamos, claro que siempre vamos a buscar
alejarnos de cada situación que nos genere disgusto o incomodidad: irnos a vivir a una isla,
borrar el feisbu o abandonar un vínculo. Seamos más valientes, menos dulces; más sucios.

Matemos lo sutilengañoso. Usemos menos dove, explotemos más puntos negros, busquemos menos
confort y más risa sudada. Digo, a veces las posiciones mas incómodas son las que nos
generan más orgasmos. Tal vez haya que hacer un poco la guerra, sin dejar de hacer el amor.
Discutamos con el amor de nuestra vida. Hagamos el amor con violencia, gritemos con
violencia, bailemos violentamente. A fin de cuentas el mundo todo es violento. Fumemos o
tomemos algo que pegue y peguémosle al mundo donde le duela, ocupando lugares pronto y de
golpe, adueñándonos de ellos, y compartiéndolos con nuestro peor enemigo, entremos
violentamente y ocupémoslos con la mejor sonrisa.



miércoles, 21 de enero de 2015

Altares cotidianos

Te juntás con tu amiga a tomar una cerveza; mitad de la semana. Ella necesita descansar de sus responsabilidades maternales y vos abandonar un poco tu rincón solitario de lectura y cine. Vacaciones, tiempo libre. Calor y atardeceres perfectos para Andes y fritas; esas que asquerosamente ella bañaba en ketchup esparcido en una servilleta. Las dos en la misma, pero nada que ver. Ella trabaja en un banco, vos te hacés la independiente anti tarjetas de crédito (eso también es antiobra social, boba!!). Ella tiene un hijo, vos tenés que hacer un esfuerzo enorme por no perder las llaves más de tres veces por semana. Entonces comparten inconformismos sobre la vocación, sobre el trabajo y por supuesto sobre el gran cliché ese del amor. Después del segundo vaso, y claro porque no había plata para comer nada, ya están semi en pedo. Y ahí empiezan con las proclamaciones revolucionarias (disfrazados despechos también, ponele): "Nuevas aventuras 2015" tira una podrida de escucharse y repetirse siempre las mismas historias, los mismos nombres, los mismos errores..

Después de tres punto y coma, las dos se dan cuenta que repetimos las historias, pero nunca son iguales, asi que con vivirlas de modo distinto empezarían a conformarse, y ya no le exigiríamos tanto a nuestras charlas. Y entre esas proclamaciones aparece más de una verdad interesante: "derrumbemos los pequeños altares cotidianos". Son los de engañarse, los de no serle fiel a una, los de cartón, los de pura fachada; distintos a las grandes construcciones que piden lucha, y piden lo mejor de una, o bueno; lo que haya, pero felizmente. Hay algunos altares que no derrumbaría, como este que construimos un miércoles sin cenar a las once.